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Un poco de Historia 2016-10-31T17:05:58+00:00

Origen e Historia de la Reflexologia Podal

La Reflexología Podal tal y como la conocemos hoy comenzó a finales del siglo XIX. En esa época diferentes médicos (A. Weihe, médico homeópata alemán, H. Head (1861-1940) neurólogo inglés y J.N. Mackenzie médico canadiense) publicaron varios estudios en los que ponían de manifiesto su observación de que a consecuencia de alteraciones de los órganos internos aparecían en la superficie cutánea una serie de puntos sensibles (dolorosos) a la presión. Es más, estos investigadores también se percataron de que las relaciones entre la superficie y el interior del organismo se producían en ambas direcciones, es decir, tanto a través de reflejos víscero-cutáneos como cuti-viscerales.

El célebre fisiólogo ruso Iwan P. Paulow (1849-1936) -galardonado en 1904 con el Premio Nobel de Medicina- junto a su asistente y posterior sucesor Alexei D. Speranski, fue el primero en introducir el concepto de ‘reacción global del organismo’ ante determinados estímulos externos o internos a través del sistema nervioso central.

Dr. William H. Fitzgerald

A principios del s. XX, el doctor estadounidense William H. Fitzgerald (1872-1942), médico otorrinolaringólogo norteamericano, se dio cuenta de que el dolor de sus pacientes en las operaciones disminuía en aquellos que presionaban con fuerza las yemas de los dedos de las manos contra los cantos situados debajo de los reposabrazos de los sillones operatorios. Se dio cuenta de que presionando algunas zonas del cuerpo se inhibía el dolor en otras. Estos fueron los inicios que le llevaron a desarrollar su Terapia Zonal, la cual se basó en el reconocimiento de diez zonas en el cuerpo que tenían en los pies su correspondiente área refleja.

Él dividió el cuerpo humano en 10 zonas longitudinales que recorren verticalmente todo el cuerpo desde la cabeza a los pies abarcando todos y cada uno de los órganos y tejidos. Estas zonas se reparten de la siguiente forma: cinco en el lado derecho y cinco en el lado izquierdo, teniendo en cuenta que cada brazo y cada pierna poseen respectivamente cinco zonas. Como ya se ha apuntado, estas zonas se prolongan hasta los pies, donde se encuentran claramente reflejadas, cinco en cada pie, de tal modo que los órganos de la mitad derecha del cuerpo (hígado, vesícula biliar) se encuentran en el pie derecho mientras que los del lado izquierdo (colon descendente, bazo…) se situarían en el correspondiente pie izquierdo. Los órganos dobles (pulmones, riñones, ojos, oídos) y los que se localizan a lo largo de la línea media del cuerpo (columna vertebral, esófago) están representados en los dos pies.

Existe, a su vez, otra división imaginaria del cuerpo en tres zonas líneas transversales: cintura escapular, margen costal inferior y cintura pélvica, que separan la cabeza, el tórax y el abdomen dividiendo al pie en cuatro zonas:

Área 1

Comprende la zona que va desde el extremo final de los dedos hasta la primera línea de la “cintura escapular” y en ella se sitúan todos los órganos de la cabeza, el cuello y la nuca.

Área 2

Es la zona de unión de los tarsos con los metatarsos aproximadamente hacia la mitad del pie. En ella se encuentran todos los órganos de la cavidad torácica, la zona abdominal superior.

Área 3

Abarca la zona que va desde la segunda hasta la tercera línea de la cintura escapular y abarca todos los órganos desde el abdomen hasta la base de la pelvis.

Área 4

Se extiende desde la tercera línea hasta el final del pie o talón y corresponde a todas las partes del cuerpo que hay desde la pelvis a los pies.

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Cada una de las zonas longitudinales recorre una serie de órganos que ya de por este hecho guardan una especial relación entre sí. Así, se puede afirmar que existe una relación entre el hombro y la cadera, por ejemplo, así como entre el codo y la rodilla, ya que todas ellas se sitúan dentro de la misma zona longitudinal.

Existen opiniones que relacionan estas diez zonas longitudinales establecidas por el Dr. Fitzgerald con los meridianos del cuerpo originales de la medicina china, que son unos canales que recorren también todo el cuerpo y por los que circulan las energías del organismo. Estos meridianos son la base sobre la que actúan otras técnicas milenarias, como la acupuntura, acupresión, …, y aunque no coinciden exactamente con las zonas de reflexología sí parecen tener un origen muy similar. No obstante, todavía no se ha demostrado si los puntos y terminaciones reflejas que responden a estas divisiones y con los que trabajan tanto las reflexólogas como las acupuntoras, respectivamente, son los mismos, aunque está claro que estas disciplinas guardan muchas similitudes entre sí.

A principio de la década de los años treinta, la masajista estadounidense Eunice Ingham (1888 – 1974) entró en contacto con los principios de Fitzgerald y orientó su actividad terapéutica basándose en ellos. En el transcurso de varios años recopiló la información existente, sensiblemente ampliada merced a su propia experiencia, y desarrolló una técnica de tratamiento especial a la cual denominó The Ingham Method of Compression Massage. En 1938 apareció su primer compendio escrito Lo que pueden contarnos los pies, al que pronto siguió el suplemento Lo que nos han contado los pies. Hasta su fallecimiento, con 85 años, investigó y sistematizó la teoría zonal aplicada a los pies desarrollando un método de tratamiento y un mapa de las áreas reflejas de pies y manos que sirvió como base para realizar toda la cartografía y metodología hoy conocida en el mundo occidental.

Con su rica historia y sus orígenes tan antiguos, no es de extrañar que la Reflexología Podal se haya convertido en una terapia con una gran variedad de métodos y enfoques. Oriente y occidente han desarrollado cada uno sus propios estilos muy diferentes pero igualmente eficaces. Nuevos métodos y técnicas van surgiendo y evolucionando a medida que terapeutas de todo el mundo desarrollan y comparten sus experiencias y hallazgos clínicos.

Dr. William H. Fitzgerald